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"Cuando el ánimo está cargado de todo lo que aprendimos a través de nuestros sentidos, la palabra también se carga de esas materias. ¡Y como vibra!"
José María Arguedas

lunes, 23 de enero de 2017

Sucre: Audiencias y Cabildos.


El vídeo que publicamos a continuación corresponde a la Audiencia a la que el señor alcalde de Sucre, Wilson Zavaleta, invitó para el 4 de enero; pero que, por falta de quórum, fue suspendida. Agradecemos a Róger Diaz Marín, operador de la Estación TV. Sucre, por alcanzarnos el vídeo que fue filmado en la municipalidad y fuera difundido el 5 de enero por la TV local.



El 6 de enero de 2016 autoridades y representantes de las comunidades de Sucre como San Francisco, La Florida, Bellavista de Cajen, Muñuño, etc. llegaron hasta la ciudad capital del distrito para exigir que el alcalde, señor Wilson Zavaleta Perez, rinda cuentas de su gestión en el caserio de Cajen, a donde había sido invitado en dos oportunidades. Los pobladores esperaron hasta las 5 de la tarde para que les atendiera ya que la autoridad municipal se encontraba en la ciudad de Cajamarca. Al final, llegada las 5 de la tarde, el alcalde los recibió y se comprometió en reunirse en el caserío de Cajen, el 26 de febrero de 2017. Según los comuneros el alcalde no los visita desde que era candidato.



Reunión de noviembre de 2016, postergada por falta de quórum.

sábado, 21 de enero de 2017

(Conciencia Crítica) EL PLACER DE LA ESCRITURA CREATIVA (II)

Por Mario Peláez

¿Es la escritura el mejor invento del ser humano?. Sí. Con ella crece el conocimiento en todos los ámbitos, y también la memoria; igualmente con la escritura sistematizamos y calendarizamos los procesos histórico – sociales, y singularmente alumbra el magno hábito de la lectura, la música del espíritu. Ricardo Piglia refiriéndose a la unidad escritura – lectura refiere que una óptima lectura incluye leer entre líneas y en los espacios entre cada letra. Queriendo decir que hay que rescatar los sedimentos de la conciencia del autor.


Pero será con la ESCRITURA CREATIVA que la imaginación se brinda la tope y se convierte en impulsora de las grandes emociones y placeres. Sin duda, la poesía, el cuento, la novela, las obras de teatro, el ensayo y la propia crítica literaria ensanchan el lenguaje y embellecen la cultura, junto con la música, la pintura y demás artes. Aunque hoy desgraciadamente la cultura sea vista como accesoria, distante de la educación. Ahora la primacía lo tienen los emoticones, los chats, los clics, las telenovelas, la publicidad y el Big Data.

En cuanto a mi inmersión o autosecuestro en la escritura creativa (en el cuento y la novela), es decir, a mi concepción sobre la literatura y el autor, como de las urgencias y exigencias que determinan mi quehacer creativo, trataré de ser puntual:

Soy un convencido de que todo lo que se escribe se escribe ideológicamente (inclusive lo que no se dice debiendo decir), cualquiera sea la matriz doctrinaria de la que se parta. Los llamados independientes son los que más requieren de ideología para construir su presunta neutralidad.

Igualmente convencido de que el escritor se nutre fundamentalmente del bullicio histórico, más que de la soledad de su habitación. Sin que por ello se ningunee las otras fuentes de la creación artística: como los sueños, las lecturas, las experiencias propias y ajenas, recuerdos, olores y viejos amores (pero admito que también hay tramos de escritura inconsciente).

En relación al talento: cualquiera que se proponga puede alcanzarlo, sencillamente porque no es innato. El talento es resultado del trabajo tesonero, de una disciplina acerada. La tan mencionada “inspiración” no es otra cosa que la sensibilidad. Entonces también cultivable.
Asimismo tengo la certeza que el escritor, no debe limitarse a contar o narrar historias y pulir la forma y el estilo de contarlas, sino también debe exponer ideas; cuidando, eso sí, de no dogmatizar los personajes.

Y en cuánto a mis urgencias: 

Me acompaña la convicción de que la realidad que rodea al ser humano requiere del pensamiento crítico, desde todos los flancos y a toda hora. Más urgente es cuando la moral y la ética han enceguecido y la solidaridad entumecido. Entonces la literatura puede decir muchísimo más que las ciencias sociales.

A todo lo cual sumo, la necesidad del inmenso placer que brinda la escritura creativa: la caza de la palabra adecuada, del concepto preciso, de la fina ironía, de la imagen y la metáfora y la música de las palabras.

(En la III parte – que más adelante publicaré – me refiero a las intimidades de la creación: a la gestación de la primera imagen, al paladeo de cada palabra, a las frustraciones, angustias, inseguridades, al sinnúmero de correcciones y éxtasis.)

Hasta el próximo domingo, amigo lector, con el artículo: CLARO QUE SI EXISTE SATANÁS…

Homenaje: Alfredo Rocha Segarra

Este 2017 el polifacético y luchador social don Alfredo Rocha Zegarra, cumple 100 años de su nacimiento; la familia y su pueblo se preparan para rendirle un merecido homenaje. Desde Chungo y batán vamos a publicar todo lo que se ha escrito, de nuestro gran MAESTRO del arte y la escritura. El texto que sigue apareció en el libro Personajes de la historia sucrense, escrito por Olindo Aliaga y Gutemberg Aliaga (NdlR)




"Alfredo José María Rocha Zegarra, es un hombre que revive polémica y aviva el escozor latente de heridas no cicatrizadas, ni por el tiempo, ni por la muerte; pero sus detractores que lo malquieren, saben por qué lo hacen. ¡Sí!, Alfredo Rocha, es un valor, un crédito, es la expresión de una raza noble y digna por el lado que se le mire, pertenece a esa estirpe con la que se nace por razones de sangre. Pertenece a esa sangre que no sabe de arrodillamientos, de satrapías, de bajeza humana alguna"... con estas palabras, muy a su estilo, Felipe Neri Zegarra, en su artículo titulado: "Un Hombre se Reencuentra con su Tierra" saludo obligatorio referirse cada vez que se habla de los "Hombres de Sucre, primer director nombrado del Colegio San José, profesor Alfredo Rocha Zegarra.

Esta figura excelsa del saber, sucrense sin parangón, nació el 17 de septiembre de 1917. Sus padres fueron: don Diógenes Rocha, hijo de don José Manuel Rocha y su madre Estefanía Zegarra, con hondas raíces huauqueñas.

Su padrino, Juan Pío Zegarra hermano de Estefanía, inscribió la partida que a la letra dice:

"En el Huauco, siendo las ocho de la mañana del quince de diciembre de mil novecientos diecisiete, ante mi despacho se presentó don Juan Pío, a la vez el niño Alfredo José María nacido el 17 de septiembre del presente año. Hijo legítimo de Diógenes Rocha y de Estefanía Zegarra, siendo el primero de veinticinco años de edad natural de Celendín, profesión carpintero y la segunda de veinticinco años de edad de Celendín, sombrerera, mixtos, católicos a solicitar se asiente la referida partida de nacimiento en el libro de Registro de Estado Civil.

Manifestó el señor Zegarra ser el padrino de bautizo, en fe de lo cual firmaron conmigo de que certifico.

Firman: Pedro Silva, Registrador, Juan Pío Zegarra, declarante; testigos, Salomón Calla y José Sánchez".


Acuarela


En busca de trabajo, sus padres se trasladaron a Celendín, llevándose al niño en brazos y ubicando su domicilio en la calle Marañón.

De sus progenitores el artista Alfredo decía: "Soy hijo de artesanos, mi padre es un eximio carpintero y mi madre excepcional tejedora de sombreros".

En efecto, su padre hacía notables tallados de madera y valiosos retablos; construyó en madera de cedro el Altar Mayor de la Iglesia de Sucre con un estilo clásico.

Cursó la instrucción primaria en una escuelita fiscal de la provincia y seis años después, estudió secundaria en el Colegio San Ramón; perteneciendo a la promoción 1938.

Sus estudios superiores los realizó en la Universidad del Cusco, graduándose en Ciencias Matemáticas con la tesis Congruencia Trigonométrica entre Electromagnetismo y Mecánica.

Con el permiso de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, estudió dos años un curso de Disección de Cadáveres Humanos, asesorado por el catedrático de Topología Anatómica, doctor Ricardo Palma.

Vivió 10 años en el Cusco, estudió idiomas, especializándose en el idioma Inglés. Se dedicó a ser cicerone en esa ciudad cusqueña, también fue traductor de latín, griego y francés.

Realizó estudios de Tauromaquia, en la escuela de Elías Chávez, llegando a vestir el traje de luces en 11 plazas de toros. Además de torero, fue por corto tiempo: policía de investigaciones del Perú.

Fue profesor de Matemáticas y dibujo en el Colegio Guadalupe de Lima.

En su periplo por Europa estudió teatro y trabajó en escenografía con el reconocido actor y comediante español, Santiago Ontañón.

En 1952, conoció al periodista Manuel Jesús Orbegoso, con quien sostuvo una estrecha relación amical. El periodista de El Comercio, actualmente miembro de la Academia de la Lengua del Perú, escribió en el Dominical del domingo 15 de septiembre de 1972 sobre su amistad con el artista y cómo lo conoció: "Te conocí en el parque Universitario, unos 20 años atrás, tenías recuerdo, una motocicleta y llegabas en las mañanas, la detenías cerca al busto de Unanue y tendías un cordel hasta una palmera. Allí te pasabas el día, explicando tus acuarelas: Este es tal sitio, este es tal otro..."


Alfredo Rocha en actuación cultural

Entre su larga lista de amigos, se precia de considerarse tal, el músico Mardonio Sánchez Sánchez, quien dice: "Alfredo Rocha fue un hombre de una sensibilidad extrema, le gustaba mucho la perfección", lo visitaba con frecuencia en su cuarto, muy cerca al parque Universitario. En una oportunidad, comenta el destacado intérprete del clarinete, le pidió al artista que le haga una caricatura, pedido al que su amigo no se negó, haciéndole varias caricaturas, las mismas que a medida que el pintor las estaba terminando, vio sorprendido y apenado, como con pasmosa tranquilidad de insatisfacción rompía su caricatura, explicándole que no estaban bien.

Según el pintor Méndez, sus colegas de arte lo conocieron como "el loco Rocha".

Alfredo Rocha jugando ajedrez

En 1956, estudió un curso de Economía Agraria.

En 1957, viaja a Montevideo y en la Universidad Nacional de ese país estudió Sicología de Formas.

La pintura fue su vocación y pasión, siendo pintor de formación autodidacta, pintó 9,000 paisajes de todo el Perú, solo del Cusco posee 400 cuadros. Es por el arte que ha caminado por 1400 pueblos del país, estudiando y pintando sus costumbres, su hábitat y su historia.

En Bonn, a donde viajó llevado por el interés de las Artes Plásticas publicó un artículo, que acredita el hallazgo del número áureo titulado Proceso de Visualización del Número de Oro.

Dentro y fuera del Perú, realizó exposiciones de paisajes y caricaturas. En 1968, presentó una exposición en la Sala Cultural Iberoamericana de España.



En el Perú, organizó exposiciones al aire libre en el Cusco, Puno y Lima. En 1945, realizó una muestra de paisajes cajamarquinos, consistentes en acuarelas de 23 pueblos, la muestra fue auspiciada por el Club Cajamarca y tuvo lugar, en el pabellón del Campo Ferial de la Municipal de Lima.

Durante 6 meses pintó con asesoramiento arqueológico de la Universidad del Cusco, el cuadro del Inti Raimi.

El maestro Rocha, hizo de la docencia un apostolado y en el campo de la educación fundó y dirigió: La Escuela Normal Mixta de Juliaca en Puno, el colegio secundario de Chalán y el Colegio San José en el distrito de Sucre.

Como director fundador y promotor del Colegio San José fundado el año de 1964, donde estuvo sólo un año, desarrolló una labor educativa ejemplar que fue la envidia de toda la provincia, colocándose el centro educativo de Sucre a la cabeza de todos los colegios de su nivel de aquella época.

En ese colegio dio charlas permanentes a los padres de familia, difundió música clásica por las noches, promovió el arte y la cultura entre el educando, organizando, por aulas periódicos murales y talleres de arte; dictó clases de música, cerámica y tallado en madera, este tipo de clases también las impartió a los escolares de la escuela primaria de varones.

Por el colegio de su pueblo se jugó la vida y lo dio parte de ella al donar 350 libros de su valiosa biblioteca.


En su peregrinaje por los pueblos del Perú, escribió algunos poemas; realizó foros con la exclusiva finalidad de ver la realidad de cada pueblo. Visitó asientos mineros y ha dormido en 32 comunidades indígenas; en su vida de andariego siempre llevó un cuaderno de apuntes y su inseparable acordeón, instrumento que tocaba con verdadera maestría.

Ocupó con éxito las tribunas de las universidades de Trujillo, Cusco y Cajamarca, desde donde vapuleó con energía a las cosas y autoridades que no fueron de su agrado; en sus disertaciones no dejaba santo con cabeza y cuando se trataba de ridiculizar, su mordacidad llegaba hasta la hilaridad. Se cuenta que en la universidad de Cajamarca, un expositor solicitó un vaso de agua y él, le alcanzó un balde.

En 1965, escribió: El Cusco Ensayo Historiográfico. De su estancia en Celendín, son su libro Dialéctica de la Quena y otros escritos filosóficos.

De regreso a Lima, se instala en Miramar, en una fresca calle de San Miguel, en donde arma su atelier con vista al mar; allí en hermoso desorden, Alfredo Rocha colgaba desde unas estaquitas prendidas a las paredes, su camisa de pintar, salpicada por mil colores, algunos cuadros y una canastita con los dulces que le enviaba doña Estefanía, su madre; que un día truncado, le quiso escribir: "Mamita ven, te extraño mucho, ya me he cansado de estar lejos de ti, ven y nos iremos a España, a Palma de Mallorca, me aburro solo y en tu compañía trabajo mejor y gano dinero, ven Mamita", quejumbroso le iba a contar sus penas en esa carta que por culpa de la mala hora no la envió.

Alfredo Rocha, de espíritu intrépido e inquieto, se embarcó en un barco mercante noruego; primero como grumete y luego como jefe de rumbos.

En el mes de septiembre de 1972, realizó su última Exposición de Acuarelas, en el local del Instituto Peruano Norte Americano - IPNA.

Su labor artística mereció algunos premios nacionales de acuarela un reconocimiento por el Instituto de Cultura de Cajamarca, en cuya; sede le han colocado una placa.

El 9 de octubre de 1972, a la una de la madrugada, el delincuente conocido como El Pelado, lo atropelló con una camioneta robada, en la cuadra 12 del jirón Unanue, en La Victoria. A las 6 de la mañana dejó de existir en el hospital Dos de Mayo.

Los hechos de este extraño accidente no fueron lo suficientemente investigados por las autoridades policiales; por lo que, un velo de sombra se extiende sobre la muerte del reconocido artista pata de perro (andariego, trotamundos), que las autoridades políticas de aquel entonces lo consideraban peligroso y lo tenían como contrario, porque tuvo la osadía de decir, a través de su arte y de su pluma cáustica, la verdad que incomoda a todo político de turno.

Sus restos fueron velados, con consentimiento de su viuda, la señora Elvira Torres, en el local de la ANEA, a donde perteneció. Desde ese local cultural lo trasladaron al cementerio El Ángel.

Rocha Zegarra, durante su vida procreó dos hijas, Elizabeth Rocha Araujo, quien vive en Celendín, en posesión del legado artístico de su padre y Herlinda Esperanza Rocha natural de Trujillo, radica en Cajamarca.

La prensa nacional le dio amplia cobertura a la muerte del artista polifacético. El diario Expreso, en su sección El Ojo Ajeno, destacó el trágico suceso de la siguiente manera:

ALFREDO ROCHA HA MUERTO


Balacera en Celendín

Ayer, en la madrugada, murió a causa de un accidente de tránsito, el artista cajamarquino Alfredo Rocha Zegarra, quien hace algunos meses retornó a su patria luego de una prolongada peregrinación creativa por otros continentes. Será velado esta noche en el local de la ANEA.

Dibujante y pintor, artesano y músico, interesado en las más disímiles manifestaciones del espíritu humano, Alfredo Rocha recorrió el Perú, y parte del mundo, sin otra meta que establecer contactos con los hombres en torno a la creación y el conocimiento. Sin otra escuela estética que su amorosa identificación con las genuinas expresiones de su pueblo, llevó consecuente consigo mismo, la vida trashumante, difícil y solitaria de los que abandonan todo para marchar en procura de un ideal. Ejerció en varias oportunidades la docencia en Celendín su tierra, antes de partir en busca de caminos que recorrer. En donde estuvo realizó exposiciones de sus obras y promovió entusiastamente, especialmente entre los jóvenes, su fe en la vida, y la alegría. Ha muerto cuando se reencontraba con su tierra después de una larga travesía europea (A.P.)


El 16 de mayo de 1986, con motivo de las Bodas de Plata del Colegio San José de Sucre, el Comité Pro Bodas de Plata, con sede en Lima, colocó una placa conmemorativa, en el frontis del teatro-auditorio y en el discurso de orden se enalteció la figura eternamente erguida, el nervio artístico, el talante cáustico del maestro, pintor y músico Alfredo Rocha Zegarra. Años más tarde, la promoción Alfredo Rocha Zegarra, le erigió un monumento con el busto del maestro perennizado.

De Personajes de la historia Sucrense, escribe Olindo Aliaga Rojas.

(CONCIENCIA CRÍTICA) Más sobre la lectura y la escritura

LOS PLACERES OLVIDADOS… 
(Primera parte)

Por Mario Peláez

No hay duda: los placeres, en última instancia (sean físicos espirituales e intelectuales) son construcciones culturales. Y todos se manifiestan como encantamientos, como relámpagos, o como menudos tornados, cuyo epicentro siempre es el cerebro, aunque primero lo disfruten los sentidos.

En el caso de los placeres propios de la lectura y la escritura, la conciencia les dispensa toda su atención. De allí que sean los más lucrativos, los de las mejores cosechas espirituales y los más cercanos a la felicidad. No obstante la lectura y la escritura apenas son disfrutadas, paladeadas.

En esta oportunidad me tomo la licencia de hablar en primera persona para precisar los recaudos y pautas que definen mi experiencia como lector y escritor (de solo esforzado cazador de conceptos).
Antes debo contestar la pregunta: ¿Por qué corro tras de una lectura y de un autor?. Seguramente para mejorar mi percepción de la realidad. O para enfrentar, con la imaginación, la monotonía de la vida cotidiana. O también para frenar el apremio del reloj. Pero lo que es absolutamente seguro es la presencia inconfundible del placer.
Veamos.

En primer lugar, aseguro el tiempo de la lectura, generalmente de cuatro horas. Tiempo exclusivo, cuasi sagrado… La noche el mejor escenario.

Luego elijo la lectura (el tema), que siempre debe estar relacionado con la problemática social, y con el ánimo que me acompaña, considerando su variabilidad. Entonces bien se puede leer (tal como yo procedo) tres o cuatro temas diferentes en un mismo horario. Sea poesía, cuento, ensayo, filosofía, historia y otros. Sin que ello requiera de capacidad intelectual singular. Además la variedad de la lectura potencia el ánimo. La pluralidad motivacional refuerza la comprensión lectora; y alivia el cansancio de la vista que brega en las intimidades de las palabras impresas.

En tercer lugar, mi lectura la proceso lentamente. Párrafos que considero especiales los releo varias veces (la lectura veloz no sirve para el gozo estético, tampoco para destilar el lenguaje que muchas veces empaña el conocimiento).

Enseguida, por unos minutos, dialogo “telepáticamente”… con el autor sobre algún punto de vista que no logro entender.

Paralelamente, anoto en los márgenes del libro mis opiniones, sugerencias y felicitaciones. No hay autor que no aprecie las huellas de la conciencia de su lector.

Desde luego, cada lector decide cómo leer, también su horario de lectura y sus autores preferidos. Sin embargo, hay denominadores comunes que la experiencia y el tiempo han consolidado. En mi caso se concreta: 

Libros que requieren leerse en cámara lenta, letra a letra (por ejemplo los de Jorge Luis Borges).

Libros que deben leerse acompañados con fondo musical (los de Shakespeare).

Libros para leerlos desde la relectura (los de Bertolt Brecht)

Libros que deben leerse como si fuéramos coautores (como los de García Márquez).

Son modalidades de lectura que potencia nuestro orgullo como lectores

Otro sí:

Desde luego es más productivo la calidad de lo qué se lee y la calidad cómo se lee, que la cantidad. Siempre la calidad vale más que la cantidad.

Publicaciones: Úselo y tírelo, Eduardo Galeano.

“Somos todos culpables de la ruina del planeta”


La salud del mundo está hecha un asco. ‘Somos todos responsables’, claman las voces de la alarma universal, y la generalización absuelve: si somos todos responsables, nadie lo es.

Como conejos se reproducen los nuevos tecnócratas del medio ambiente. Es la tasa de natalidad más alta del mundo: los expertos generan expertos y más expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad. Ellos fabrican el brumoso lenguaje de las exhortaciones al ’sacrificio de todos’ en las declaraciones de los gobiernos y en los solemnes acuerdos internacionales que nadie cumple. Estas cataratas de palabras -inundación que amenaza convertirse en una catástrofe ecológica comparable al agujero del ozono- no se desencadenan gratuitamente. El lenguaje oficial ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo y a las grandes empresas que le sacan el jugo. 

Pero las estadísticas confiesan. Los datos ocultos bajo el palabrerío revelan que el 20 por ciento de la humanidad comete el 80 por ciento de las agresiones contra la naturaleza, crimen que los asesinos llaman suicidio y es la humanidad entera quien paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos naturales no renovables.
La señora Harlem Bruntland, quien encabeza el gobierno de Noruega, comprobó recientemente que si los 7 mil millones de pobladores del planeta consumieran lo mismo que los países desarrollados de Occidente, “harían falta 10 planetas como el nuestro para satisfacer todas sus necesidades”. Una experiencia imposible. Pero los gobernantes de los países del Sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, mágico pasaporte que nos hará a todos ricos y felices, no sólo deberían ser procesados por estafa. No sólo nos están tomando el pelo, no: además, esos gobernantes están cometiendo el delito de apología del crimen. Porque este sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo. Extirpación de comunismo, implantación del consumismo: la operación ha sido un éxitom pero el paciente se está muriendo.

(...)

“La naturaleza está fuera de nosotros” 

En sus 10 mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: “Honrarás a la naturaleza de la que formas parte”. Pero no se le ocurrió. 

Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió a la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado. Y merecía castigo. Según las crónicas de la Conquista., los indios nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de descanso, para no cansar a la tierra. La civilización que venía a imponer los devastadores monocultivos de exportación no podía entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las confundió con la vocación demoníaca o la ignorancia.

Y así siguió siendo. Los indios de Yucatán y los que después se alzaron con Emiliano Zapata, perdieron sus guerras por atender las siembras y las cosechas de máíz. Llamados por la tierra, los soldados se desmovilizaban en los momentos decisivos del combate. Para la cultura dominante, que es militar, así los indios probaban su cobardía o su estupidez.

Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que había que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre y para siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía esclavitud.

Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos, y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza, ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida y naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.

(...)


Eduardo Galeano.- Eduardo Germán María Hughes Galeano (Montevideo, Uruguay, 3 de septiembre de 1940 -, 13 de abril de 2015), conocido como Eduardo Galeano, fue un periodista y escritor uruguayo, ganador del premio Stig Dagerman, considerado como uno de los más destacados artistas de la literatura latinoamericana.

Sus libros más conocidos, Las venas abiertas de América Latina (1971) y Memoria del fuego (1986), han sido traducidos a veinte idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos y combinan documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.

Biografía

Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en el seno de una familia de clase alta y católica. Su padre fue Eduardo Hughes Roosen y su madre, Licia Esther Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para su nombre artístico. En su juventud trabajó como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros oficios. A los 14 años vendió su primera caricatura política al semanario El Sol, del Partido Socialista.

Comenzó su carrera periodística a inicios de 1960 como editor de Marcha, un semanario influyente que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Editó durante dos años el diario Época.

Es además conocida su pasión por el fútbol y en especial por el Club Nacional de Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti.

Contrajo matrimonio tres veces: la primera, con Silvia Brando, con quien tuvo una hija, Verónica Hughes Brando; luego, con Graciela Berro Rovira, con quien tuvo dos hijos: Florencia y Claudio Hughes Berro; finalmente, con Helena Villagra.

Durante sus estudios con una beca en París, supo que Juan Domingo Perón había dicho: «Si ese muchacho anda por acá, me gustaría verlo». Galeano aprovechó un viaje para llamar al teléfono que le habían dado, aun cuando no terminaba de creer que fuese cierto. Lo era, y fue recibido muy bien. Tuvo una larga charla con el expresidente argentino en el exilio, durante la cual le preguntó por qué no emitía señales más a menudo:«Perón me contestó: "El prestigio de Dios está en que se hace ver muy poco"».

En el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, Galeano fue encarcelado y obligado a abandonar Uruguay. Su libro Las venas abiertas de América Latina fue censurado por las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Chile. Se fue a vivir a Argentina, donde fundó la revista cultural Crisis.

En 1976, se casó por tercera vez. Voló a España, donde escribió su famosa trilogía: Memoria del fuego (un repaso por la historia de Latinoamérica), en 1984.

A inicios de 1985, retornó a Montevideo. En octubre de ese año, junto a Mario Benedetti, Hugo Alfaro y otros periodistas y escritores que habían pertenecido al semanario Marcha, funda el semanario Brecha, del cual continuó siendo integrante de su Consejo Asesor hasta su muerte.

Entre 1987 y 1989, integró la "Comisión Nacional Pro Referéndum", constituida para revocar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, promulgada en diciembre de 1986 para impedir el juzgamiento de los crímenes cometidos durante la dictadura militar en su país (1973-1985).

En 2010, el Semanario Brecha instituyó el Premio Memoria del Fuego, que está previsto que Galeano entregue anualmente a un creador que a sus valores artísticos sume el compromiso social y con los derechos humanos. El primer galardonado fue el cantautor español Joan Manuel Serrat, quien recibió el 16 de diciembre de 2010, en el Teatro Solís de Montevideo, la estatuilla diseñada por el escultor Octavio Podestá. El segundo galardonado con el premio fue Manuel Martínez Carril, renombrado crítico cinematográfico y director histórico de la Cinemateca Uruguaya, el mayor archivo fílmico de Uruguay y una institución independiente y autogestionada emblemática por su resistencia cultural que en 2012 cumplió 60 años de existencia.

Eduardo Galeano en la Feria del Libro de Madrid en 2008.

En 2004, Galeano apoyó la victoria de la alianza Frente Amplio y de Tabaré Vázquez. Escribe un artículo en el que menciona que la gente votó utilizando el sentido común. En 2005, Galeano, junto a intelectuales de izquierda como Tariq Ali y Adolfo Pérez Esquivel se unen al comité consultivo de la reciente cadena de televisión latinoamericana TeleSUR. En México colaboró para el periódico La Jornada.

En enero de 2006, se unió a figuras internacionales como Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Ernesto Sabato, Thiago de Mello, Carlos Monsiváis, Pablo Armando Fernández, Jorge Enrique Adoum, Luis Rafael Sánchez, Mayra Montero, Ana Lydia Vega y Pablo Milanés, en la demanda de soberanía para Puerto Rico. Además firmaron en la proclamación de independencia del país.

En febrero de 2007, Galeano superó una operación para el tratamiento del cáncer de pulmón. En noviembre de 2008, dijo sobre la victoria de Barack Obama:


La Casa Blanca será la casa de Obama pronto, pero esa Casa Blanca fue construida por "esclavos negros". Y me gustaría y espero que él nunca lo olvide.

En abril de 2009, el presidente venezolano Hugo Chávez entregó un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina al presidente estadounidense Obama durante la quinta Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad y Tobago. El hecho provocó que se convirtiera en pocas horas en un éxito de ventas en internet.

En mayo de 2009, en una entrevista declaró:

"No sólo Estados Unidos, sino algunos países europeos han sembrado dictaduras por todo el mundo. Y se sienten como si fueran capaces de enseñar lo que es democracia".

Falleció el 13 de abril de 2015 a los 74 años, a causa de un cáncer de pulmón que padecía desde 2007 y que lo había obligado a reducir sus apariciones públicas, a pesar de lo cual siguió participando en diferentes eventos.
Muerte.

Luego de estar internado una semana en el sanatorio 2 del CASMU a raíz de su cáncer de pulmón, falleció el 13 de abril de 2015 a las 8:20 (GMT-3), en su natal Montevideo.

viernes, 20 de enero de 2017

(CONCIENCIA CRÍTICA) ¡Qué suerte la nuestra! ¡SHAKESPEARE!

Por Mario Peláez

En efecto, que suerte tenemos de que Shakespeare haya nacido en este mundo; y más afortunados que sea él nuestro contemporáneo todos los días; y mucho más que al leer y presenciar sus obras participamos de un gozo estético absoluto, a pesar de los cuatrocientos años de su partida a los cielos, y que hoy se celebra a los cuatro vientos (Que mejor prueba, entonces, de que sí se puede derrotar a la muerte. O si se quiere, de lograr la inmortalidad).

Difícil otro como Shakespeare que haya calado tan hondo en la condición humana. Que haya acumulado tanta belleza con el lenguaje. Que todo lo que escribió es purísima poesía. Soy un convencido que sin Shakespeare los grandes revolucionarios no habrían alcanzado prontamente la claridad de conciencia; los poetas la finura del realismo y la levedad del lirismo, urgidas de belleza. Imposible escapar a su cósmica influencia.

Pocas veces la libertad es más libre, más soberana que en la creación de Shakespeare. Una libertad laica que como Erasmo no quiere que dios invadiese todo. Solo en el gran arte la libertad, a través de la imaginación, despliega al tope sus alas, evidencia suprema de nuestra singularidad como especie. Pero una libertad que solo podrá consolidarse desde la igualdad. De lo contrario la conciencia se habría congelado en aquella terrible sentencia: “Castíguese a los negros, para que no se pierda el valor del ejemplo”

Adjetivos al margen: sin Shakespeare la literatura no tendría la talla universal; el teatro solo sería un espectáculo rutinario; el lenguaje únicamente un instrumento, y no la placenta donde reposa la inteligencia crítica. Sin Shakespeare poco conoceríamos de nuestra subjetividad. Sin él no gozaríamos de la leal amistad de los libros.

Entonces recibamos el 2017 leyendo y releyendo su obra, con la seguridad que luego seremos mejores.

jueves, 5 de enero de 2017

Entrevista al señor Benjamín Chávez.


Don Benjamín Chávez Valderrama (n.1943-Lima) es hijo del Dr. Clodomiro Chávez Mariñas, natural e hijo ilustre  de Sucre, ex diputado por Celendín en la legislatura de 1940 (Manuel Prado Ugarteche) y es hermano de don Clodomiro Chávez Valderrama ex Fiscal Supremo en lo Penal y Primer Defensor del Pueblo (Premio en DDHH)


Fotografías:

Rumbo a la casa de don Benjamín


Chungo y batán

lunes, 26 de diciembre de 2016

Narrativa: Caolín y los zapatos rotos.

"Un niño héroe del trabajo querible y mágico,
 quizás por el entorno navideño. 
Al final se engrandece más 
con el gesto solidario 
hacia su padre y hermano".


 Caolín y los zapatos rotos.


Por Palujo

El bombardeo consumista de los medios de comunicación en la navidad, hizo que Caolín se fijara en los dos pares de zapatos rotos que usaba. Unos que eran para ir al colegio y otros para estar en casa.

Caolín de desesperó. Papá y mamá le habían dicho: "No insistas... ¡No hay dinero! ¡No nos alcanza ni para comprar el panetón!". Caolín tampoco tenia un céntimo en los bolsillos. Propinas no habían en la casa.

Luego de buscar soluciones grandes en su pequeña cabeza; no le quedó más que agenciarse de hilo, agujas y de una lata de pintura que encontró en la caja de trastos que nadie hacía caso.

Encerrado en su cuarto, a escondidas de su familia, empezó su labor de zapatero remendón. Caolín era un niño muy curioso y perseverante. Había estado observando, durante casi una semana, el trabajo que realizaba el zapatero del barrio. Todos lo días al salir del colegio, se detenía como hipnotizado, a mirar a don Tucto, cómo ensartaba la aguja y el hilo en la suela de un par de botas de cuero que alguien había encargado remendar.

La fiesta navideña, como la propaganda de la radio y la televisión, no lo dejaban dormir. A pesar que los quehaceres o mandados de su madre entretenían sus descansos; poco a poco, los zapatos que calzaba en casa, iban cambiando, desde el color hasta la forma. Ya no eran los mismos.

Las canciones alusivas a la fiesta del niño Dios y las luces de colores en las calles eran de locura. El ajetreo de hombres, mujeres y niños que iban y venían con regalos y canastas navideñas, era interminable.

La noche de navidad, cuando su madre insistía para que bajara a participar de un chocolate con pan; Caolín se calzó, alegre, los zapatos. Parecían nuevos y hasta los sentía más cómodos que antes.
Ya voy madre mía dijo y salió corriendo a mostrarlos, orgulloso; pero, al llegar a la sala donde habían servido la cena, miró a su padre y hermano que llevaban los zapatos, rotos y viejos, de siempre.

Caolín se detuvo con mil ideas en la mente. Regresó a su cuarto antes que descubrieran los zapatos "nuevos" que llevaba puestos.

Después retornó a la sala y saludó a sus padres y hermano, con los zapatos de colegio.

sábado, 24 de diciembre de 2016

(Conciencia Crítica) ¿Y LA NAVIDAD DEL PESEBRE?

Por Mario Peláez

De pronto, como sucede todos los diciembres, volvió a instalarse la angustia en el corazón mismo de la untuosa navidad. Que por sus especificidades sería mejor llamarla angustia navideña. Todo empieza con una tenue tristeza que se desliza como agua subterránea hasta empozarse en el alma (en el ánimo) y al inflamarse se convierte en angustia de corte existencial.

Cada vez me pregunto por qué la angustia siempre tiene protagonismo en navidad. En unas personas se muestra más intensa; en otras menos, pero siempre puntual. No tengo la respuesta; en mi transitan varias causas, entonces varias respuestas. 

La primera respuesta salta a primer plano con solo abrir bien los ojos y mirar en todas las direcciones: millones de niños viviendo horrenda miseria, y sin futuro. Tanto que han olvidado que existe la sonrisa. Entonces como sentirse bien consigo mismo al desear feliz navidad, si antes no se ha hecho los méritos efectivos que autentiquen nuestro saludo.

Segunda, tiene que ver con la ausencia definitiva de seres queridos, familiares y amigos, a quienes también pertenece nuestra vida. Aunque Mauriac decía: “la muerte no nos roba los seres amados. Al contrario nos los guarda y nos lo inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos roba muchas veces y definitivamente.

Tercera, (cargada de pesimismo y la más punzante) consiste en dudar: que las cosas siempre sigan como están. Que nada cambiará a favor de los pobres. Que las desigualdades se agigantan cada vez más y que solo quedará la caridad como consuelo.

Cuarta, mi hija Fernanda, me dice con humor, “papá te falta la del espejo”. En efecto, cada día empiezo a reconocer menos mi rostro en el espejo.

Quinta, (de reciente data) se refiere al tridente obsceno que hoy lidera la vida de los peruanos: PPK – Cipriani – Fujimori. Nunca antes la historia registró tanto cinismo y contubernio. Pura indignidad.

Por ventura, la historia nunca se acaba, ni se rinde. Y, más tarde o más temprano, los pueblos vencerán a la prehistoria en la que ahora viven; y entonces celebraremos la ¡NAVIDAD DEL PESEBRE!

(CONCIANCIA CRÍTICA) Celendina Universal

¡SOLIDARIDAD CON MÁXIMA ACUÑA!

Por Mario Pelaez


La sociedad Inca, bien sabemos, fue una colectividad dedicada fundamentalmente a la agricultura, que con los bellos andenes se extendía hasta los cielos… Así, la tierra y la agricultura constituían la base de su identidad cultural. De la relación con la tierra, siempre armoniosa, respetuosa y solemne, fluyen todas las formas de la conciencia social. La religión en primer lugar, a cuyos dioses les rendían culto para lograr tierras fértiles, cosechas generosas, lluvias leales, vientos nobles y justos procesos de reciprocidad. Propiamente eran dioses terrenales (el más allá, la trascendencia, es un fundamento teológico que trae España con la religión católica).

Fue con la Conquista, entonces, que devenimos en sociedad minera hasta el día de hoy. Y es justamente en Cajamarca donde primero se evidencia la voracidad del viejo colonialismo español por los metales preciosos, principalmente oro. El “rescate” de Atahualpa perpetúa históricamente su cínica conducta. Desde luego que desde las culturas pre incas se conocía las técnicas de extracción de metales, que solo tenían función decorativa. Únicamente con valor de uso. España convierte los metales en mercancías (con valor de uso más valor de cambio).

Hoy, 500 años después, se repite en el mismo escenario la confrontación histórica: de un lado, los pueblos de Cajamarca, liderados por los celendinos, que defienden la salud de la tierra, del medio ambiente: de las aguas, de la flora y la fauna; y del otro, la minera Yanacocha – Newmont Mining, que prescinde de consideraciónes en favor de la vida saludable. Y en este épico proceso singulariza la presencia de Máxima Acuña, no solo por defender lo suyo, sus tierras colindantes con la Laguna Azul, sino defendiendo el derecho de todos a vivir sin contaminaciones. Comportamiento que trasciende las fronteras regionales y nacionales. Máxima Acuña lucha por la salud del ser humano. Viva en el país que viva. Es decir, su accionar tiene implicancia global.

Precisamente Amnistía Internacional, en el Día de los Derechos Humanos, celebrado el diez del presente, rindió cálido homenaje a Máxima Acuña. Para el caso editaron un bello video SucasaMicasa que todos debemos disfrutarlo. Celendín debe añadir lo propio. A la Municipalidad Provincial y centros educativos les corresponde multiplicar su solidaridad con ella.

Efectivamente, Máxima Acuña es la leal acción pero también el sentimiento: el aliento a la conciencia solidaria en la lucha por la supervivencia. En hora buena, celendina universal.

Narrativa: DUENDES EN “VIGASMAYO” y “LAQUESERA”

Autor. Virgileo LEETRIGAL


De generación en generación, se trasmitió la creencia que la quebrada “Vigasmayo” y el río “La quesera” son “moradas de duendes”. Así quedó en el imaginario de pobladores de la comarca llamada “Huauco” y de cuánto forastero la visitó.

Cuentan los pobladores mayores de los pueblos cercanos, que antaño, Vigasmayo era una hondonada alargada y boscosa; habitada por venados, pumas y hasta osos de anteojos. Que sus árboles, gruesos y frondosos, crecían abundados de bromelias, bejucos, orquídeas y líquenes. Que estos árboles, entremezclados con variedad de otros de troncos más delgados y de arbustos; conformaban un bosque casi inaccesible. Que del mismo bosque, ellos extraían “suros” (1), vigas y demás maderas para construir casas; así devino en “Vigasmayo” o “río de las vigas”. Y así, la población creciente de esos pueblos lo impactó y lo deforestó...

Actualmente muestra pequeñas parcelas de relieves y cercos imperfectos, con pastizales de verdor tenue, en ambas márgenes. Nace, ésta quebrada, en las laderas del cerro “Wirawira”, discurre entre los cerros “El velo” y “Santa rosa”, se profundiza entre el “Shinshilpunta” y el “Ventanillas”; y aguas abajo, desemboca en el río “La quesera”.

El Ventanillas es un cerro rocoso y verde, a la vez; no muy alto y ubicado en la margen derecha de la quebrada. Un camino pedregoso que viene desde “Calconga” y “La quinuilla”, marca sus laderas con irregulares curvas, y se desarrolla hasta el fondo del cañón. Allí se une con el que viene desde “Cajén”. El camino unificado cruza el cauce de la quebrada mediante un badén; y a pocos metros de su orilla izquierda, cede ingreso al fundo de Presbítero Díaz, por una tranquera rústica de maderas rollizas. El camino sigue hacia el este; y serpentea trepando por las faldas del Shinshilpunta. Por Chiqueroloma”, abra entre éste y el cerro “escalera”, el sendero vira al noreste, con destino a la ciudad capital de la comarca, también llamada Huauco.

El Ventanillas debe su nombre a restos de construcciones pre incas existentes en su cima. Las ventanitas de éstas, están hacia el sureste, como perennizando la visibilidad al río La quesera. Casi en su cima, junto a un camino de chacareros y a un aliso, existe un pozo que se mantiene con agua hasta en la más dura sequía. A este lugar, como a Vigasmayo y La quesera, también le atribuyen ser “morada de duendes”.

El río La quesera aflora, torrentoso, en la base pétrea del cerro “Ventanillas”. Su caudal mueve las ruedas más las piedras cilíndricas de cuatro molinos antiquísimos, construidos junto a su cauce.

Desde rumbo distinto al de la quebrada Vigasmayo, y al otro lado del “Ventanillas”; el afloramiento del río La quesera marca el fin de la quebrada “Colpiadero”. El naciente río recorre ciento y tantos metros hasta encontrarse con la quebrada Vigasmayo. Desde este vértice se ve, aguas arriba y abajo, que río y quebradas forman una especie de “Y”, con sus cauces. Entre los “ramales” superiores queda como “atenazado” el cerro Ventanillas, y también el primer molino. Así la base del cerro, se funde con el relieve allanado de un valle pequeño y siempre verde; y con el cauce del río que escapa, quién sabe a dónde…

Se ha comentado también que pobladores de Huauco, “Lúcumapampa” y de Celendín; asumieron sueños de llevar agua desde esta zona hasta sus campiñas. Pero mientras eso solo quede en sueños, La quesera avanza imperturbable. Pasa muy cerca del segundo molino, recepciona al caudal que le presta para funcionar; y a pocos metros de alcanzar al tercero, recibe al río “Sumbat”. Con caudal incrementado se convierte en el afluente principal del río “Cantange”; y éste, a su vez, se erige como uno importante del gran “Marañón”.

Durante décadas, los molinos atendieron a centenas de pobladores, de todas las edades; quienes llegaban jalando sus acémilas cargadas con costales de cereales y menestras. Allí esperaban su turno para hacerlos moler y obtener harinas, preciados alimentos para las familias. En la espera de turnos, casi siempre prolongada, la gente tenía la oportunidad de entablar variadas y largas conversaciones. Los operadores de los molinos o “molineros”, las animaban. Con el tiempo, ellos aprendieron a narrar historias; y así ayudaban a mantener la lealtad de sus respectivos clientes. Como cuentacuentos, a veces presumían de haber visto o sentido la presencia de duendes en sus respectivos molinos. Así sobrevivió el mito de las “moradas de duendes”, en esa zona de Huauco…

Pero estos lugares, además de conocerse por mitos como el mencionado, también fueron y son escenarios de humanas existencias y acciones. Por aquí pasaron y pasan chacareros muy conocidos como: el ya mencionado Presbítero Díaz, dueño de un fundo en la margen izquierda de la quebrada Vigasmayo; su socio Juan Alva; Abraham Mariñas, dueño de un fundo colindante con el de Presbítero, ya en la margen izquierda del río “La quesera”; a continuación estaba la parcela del coplero Elías Escobedo, dueño del cuarto molino. Hacia el lado este del Shinshilpunta, vivía el dueño de casi la mitad de su extensión, Hipólito Malaver Calla. Ellos, como otros, tuvieron vivencias o experiencias excepcionales; algunas de las cuales fueron y serán narradas…

El Shinshilpunta es un cerro más alto que su par y vecino Ventanillas; es rechoncho, amplio y achatado como una parva. Su superficie total, es jurisdicción del anexo huauqueño conocido como “Porvenir”.

“Porvenir” adquirió notoriedad, desde septiembre de mil novecientos treinta y dos. Entre finales de agosto e inicios de septiembre de aquel año; guiados por Máximo Aliaga, llegaron al paraje “Artesa”, luego a “Guangazanga” y a casa de Hipólito Malaver Calla, dos hombres forasteros y extraños para pedirle posada por unos días. Portaban una carta de recomendación que los presentaba como amigos del hacendado David Reyna; amigo a su vez, de Hipólito Malaver. El día diecisiete de septiembre del mismo año, tras ellos, llegaron a tal paraje “Artesa”, diez miembros de la Guardia Civil, uniformados y armados hasta los dientes. Aquí, se tomaron la mañana para descansar y estudiar el terreno. Por la tarde se moverían sigilosamente hacia a Guangazanga; y minutos después de la cuatro irrumpieron en la solitaria casa, disparando sus armas con extrema violencia. Los inesperados visitantes, cual experimentados fugitivos, se escurrieron por la quebrada “Suiturumi”, contigua a la casa. Los guardias ofuscados, abrieron fuego de fusilería hacia la vegetación buscando matarlos. Luego, con Hipólito Malaver de forzado guía, los buscaron por la quebrada, lanzando voces conminatorias a la rendición. El mayor de los fugitivos reconoció la voz del cabo Guardia Civil Julio Cáceres Montalván, quien dirigía el operativo; y por esas coincidencias raras de la vida, era su compadre; entonces él gritó anunciándose como tal, diciendo que estaba con su sobrino y que ambos se rendían. Así se dio la cinematográfica captura de los dos fugitivos; quiénes luego fueron conducidos hacia Celendín, para su entrega a las autoridades...

Solo entonces se supo que los hombres extraños, tío y sobrino, habían fugado de la cárcel de Trujillo hacia Huamachuco. Su persecución, a cargo de la Guardia Civil y con apoyo del Ejército Peruano, empezó casi de inmediato y desde allí. Días después ambos prófugos se reencontraron en Shicún”, luego se movieron a “Calemar”; ambos lugares a orillas del río Marañón. De aquí, hacia Longotea”, para esconderse en el fundo “Catar” de Teodoberto Lozano, cuñado del prófugo de mayor edad. La presión del comando perseguidor se intensificó, ante el rumor que los prófugos pretendían fugar hacia Ecuador. Entonces, ellos bajaron hacia Jecumbuy”, también a orillas del Marañón. Desde Aquí, ayudados por el hacendado David Reyna, salieron por la hacienda “La pauca” hasta “Zapallopampa”. Por el paraje “La florida” ingresaron a jurisdicción de Huauco; llegando a la hacienda “Sendamal”, propiedad del mismo David Reyna. En su casa ubicada en el paraje “Tincat”, los escondió por tres días con sus noches. Luego, por el camino de “Tallambo” a Huauco y sorteando al cerro “Wirawira”, él mismo los condujo a “La laguna”; y los instaló en casa de su tía Margarita Reyna, donde permanecieron durante once días, también con sus noches...
El comando de la Guardia Civil, que los perseguía sin tregua, apenas entró en la jurisdicción de Huauco capturó al mercachifle huauqueño Melquiades Horna. Éste declaró que: “….varios días atrás, a su paso por dicha hacienda y en la casa de don David Reyna, había visto dos hombres desconocidos…. Los guardias, sacaron información adicional a la servidumbre del hacendado; y seguros, se dirigieron a La laguna, por el mismo camino que siguieron prófugos y protector. Llegaron el 16 de septiembre a las dos y media de la tarde. No los hallaron, porque antes, los ya prevenidos prófugos, habían partido hacia “Artesa”; guiados, como ya se dijo, por Máximo Aliaga

Aquella noche del dieciséis de septiembre, el comando acampó, en La laguna, esperando refuerzos desde Celendín; éstos llegaron al día siguiente, por el camino de “La quintilla”. El comando reforzado, dispuso personal aparte para la captura del guía Máximo Aliaga; y reinició la persecución a los que ellos llamaban facciosos. Así: remontó el abra “El vaquero”; descendió hacia la quebrada Vigasmayo; la recorrió en toda su longitud, por el camino de su margen derecha; sobre precarios puentes cruzó dos veces el río La quesera, para transitar el camino real hacia Cajén y Porvenir; y entraron por su lado sur, a las faldas del Shinshilpunta. Así llegaron al paraje Artesa y luego a Guangazanga, con la misión de recapturar a los prófugos... Y tal como ya se contó, lo lograron…

En aquel tiempo gobernaba el Perú el coronel Luis Sánchez Cerro; el país estaba convulsionado debido al levantamiento aprista del siete de julio, en Trujillo; y de otras ciudades del norte, en otras fechas. La orden del gobierno era fusilar a todo aquel sedicioso o faccioso involucrado en sucesos antigubernamentales...

Durante la noche del diecisiete de septiembre, una gran cantidad de pobladores generosos se aglomeraron frente a la cárcel de Celendín, con frazadas, ropa, alimentos, cigarrillos, etc.; esperando el arribo de los guardias con los prisioneros; y éste se produjo a las tres de la mañana del día dieciocho. Los prófugos tenían algunos familiares allí, por el lado materno; estas personas con sus amigos y vecinos consiguieron que el subprefecto de la provincia, Lizardo Miranda Villanueva, se contagiara de la nobleza del pueblo. Así, les perdonó la vida y no ordenó su fusilamiento… Y fue así, como los protagonistas de la espectacular huida y recaptura, se salvaron de la muerte y “volvieron a nacer” en Celendín. El mayor de ellos se llamaba Néstor Alegría Lynch; y el menor, entonces joven de veintitrés años, era su sobrino; el mismo que años más tarde se consagraría como uno de los mejores y más galardonados escritores de Perú. Era el ahora clásico Ciro Alegría Bazán…

Otro hecho; no menos importante, por las vidas que se cree ha salvado; y por el que Porvenir mantuvo notoriedad como anexo del Huauco; es que allí vivió, adulto en tiempos posteriores, “don Sheque”. Descendiente, él, de la familia de apellido Caja, alcanzó fama de ser uno de los mejores curanderos de la región…


Y volviendo a historias de duendes diremos que Juan Alva, desde niño y en su natal Cajén, también escuchó algunas; y de esas en la que son presentados como espíritus gritones, molestosos, traviesos y hasta malévolos. Sin embargo, esto no evitó que él aceptara la propuesta e invitación de Presbítero Díaz; para trabajar en su fundo de Vigasmayo. Antes de decidirlo se preguntó si tendría miedo quedarse, él solo, a pernoctar en esa quebrada. «Duendes? Puede que existan, pero no creo que se aparezcan ante los humanos. Esas son mentecatadas…», se respondió.

La oferta del viejo Presbítero, era una oportunidad que se le presentaba para trabajar en sociedad con el dueño de las chacras. En su pueblo, bajo esta modalidad, es como mantienen a sus familias los campesinos sin tierra; y él, es uno de ellos. Entre sus varias reflexiones, se dijo: «En tal caso, vale arriesgarse al encuentro con duendes; a nadie lo han comido. En Vigasmayo, tierra y clima son tan buenos que produce de todo, desde papas hasta granos. Además, se me ofrece: choza, chacras, semillas y pasto para mis animales…»
Victoria Sánchez es la esposa de Juan. Anda en sus juveniles diecinueve; ya con un hijo de trece meses, bulto frecuente en sus espaldas. En un anexo de “Calconga” instalaron su hogar y crían algunos animales para ayudar a su sustento. Ella, animó a su marido diciéndole: «Cuando quedes ‘de asiento’ en Vigasmayo, madrugaré, ordenaré nuestra casita e iré tras tuyo. Prepararé el desayuno y el almuerzo en la choza. Después te ayudaré haciendo algo en la chacra; y por la tarde volveré a casa por nuestros animalitos. Esa quebrada no está lejos, el camino lo recorro en menos de dos horas. Para protegerte de duendes y demás malos espíritus, te daré el secreto de mi finao padre…»

Corre el mes de octubre; y con este, se manifiestan intensas las primeras lluvias de la temporada. Para beneplácito de Juan, éstas caen por las tardes y noches; así no afectan el horario de sus jornadas de labranza... Las precipitaciones y escorrentías han transformado la quebrada Vigasmayo en río torrentoso. En ambas orillas el verdor de los arbustos y árboles es intenso. Pájaros e insectos, con sus trinos y chillidos, parecen celebrar la vitalidad de la naturaleza y de la suya propia. El paisaje es espléndido; lleno de vida y generador de vida…

La choza rústica del fundo, que su dueño construyó años atrás, se acopla muy bien al paisaje natural. Sus muros son de piedras calizas asentadas con barro; la estructura del techo de palos rollizos y la cobertura de ichu” (2). Juan la encontró semidestruida; y tuvo que refaccionar todo el techo, para que recobrara su utilidad. Para su descanso confeccionó, sobre horcones, una barbacoa de palos lisos y rectos; y la acolchonó con harta paja de cebada. El único ingreso a la choza está en la pared donde el techo a dos aguas tiene mayor altura; la puerta para éste también es de palos rollizos, no bien juntados entre sí. Entre la tranquera de ingreso al predio y la puerta de la choza hay un sendero peatonal casi recto. Tras el muro opuesto al de la puerta, acondicionó una empalizada como corral para las ovejas. El resto era campo libre, pastizal para el ganado, mientras no se cultive...

Desde hace varias noches atrás, y en las primeras horas de la madrugada, gritos raros o extraños retumban en la lejanía. El eco los rebota desde los cerros y el viento los traslada por la hondonada. En el interior de la choza también se escuchan, pero no se sabe dónde se originan…

Juan, como su esposa, llama ‘estar de asiento’ en Vigasmayo, a su obligación de quedarse solo a pernoctar allí; para, al día siguiente, madrugar y aprovechar mejor el tiempo en su faena de cultivar la chacra para la pronta siembra del maíz y frijoles... Eso hace por estos días. Pero sus animales pasan la noche cerca de la choza, como medida de seguridad: pues los zorros, andan de caza nocturna tras los rebaños de ovejas; y los abigeos, tras las reses, para robarlas.
Después que Victoria parte hacia su hogar, las tardes se vuelven melancólicas para Juan; y las noches sombrías, en ese paraje...

Solo los fines de semana, Vigasmayo se torna bullicioso. Desde las zonas altas de Oxamarca y otras de la comarca, bajan campesinos arriando su ganado y acémilas; y pasan por allí, hacia la feria dominical del Huauco. Allá venden sus productos y animales, también compran artículos y baratijas útiles para su vida campestre...

Juan está en la noche del martes y, como la semana recién ha iniciado, se encuentra solo, como abandonado, en el fondo del cañón.  Recostado en su barbacoa chaccha su coca. Recuenta las labores del día y planifica las del siguiente. Piensa en más lluvias, bueyes y aperos; en yerbas malas y semillas; en su socio y la pronta siembra. Aspira el olor que emanan los tallos chancados de cebada, que le sirven de colchón. Escucha el sonar del torrente de agua que discurre por la gran quebrada; es un ruido permanente, infinito y penetrante. La llovizna se acopla a esta especie de música de la naturaleza. Con la ventisca, árboles y arbustos oscilan; sus copas hacen vaivenes, crujen sus ramas y se agitan sus hojas; el viento nocturno ulula en las pajas frescas del techo de la choza. El ambiente se torna como si amenazara una ulterior tormenta. La especial melodía natural arrulla a Juan hasta que se le manifiesta el sueño. Entonces, él decide expulsar el bolo de coca, enjuagarse la boca y disponerse a dormir. Ya acostado, la naturaleza lo sigue arrullando por un momento más, hasta obligarlo a cerrar los ojos. Luego, como salido de las profundidades de una dimensión desconocida, se le manifiesta un sueño nítido, de “vivencias terrenales” y también raras. Sueña así:

«Se le aparece su hermana menor, ´La negra fea', como llaman a Guillermina. Lo ve elegante, hermosa, blanca y rubia; parece de otro mundo. Viene desde la tranquera de ingreso y avanza por el camino, hacia la puerta de la choza». 

El subconsciente de Juan exige una explicación: «En la vida real Guillermina es trigueña; pero, aunque no es fea, no es blanca ni bonita como la mujer que se acerca. ¡Qué raro! Pretextando darle la bienvenida, quiere hablarle y salir de dudas, pero siente que la lengua se le traba y no puede hacerlo. Quiso ir a su encuentro, verla de cerca y entender cómo es que se había vuelto tan bonita, pero siente que no puede dar paso. La mujer bella continua acercándose, gesticulando y tapándose el rostro con un velo de seda». 

Por instantes, Juan no puede tomar conciencia de sí mismo; está como preguntándose: «¿Estoy dormido o despierto?». Luego, por acción de su subconsciente mismo, siente que el miedo lo invade. A la vez, en ese límite entre el sueño y la realidad, recuerda los consejos de su experimentado socio, quien le había dicho: «En esa quebrada, donde trabajarás hasta que te hartes, no debes tener miedo a nada». Controlando su subconsciente, piensa, toma valor y dice para sí: «! Este es un sueño!». Se concentra y abre sus ojos. Se despierta; y ya consciente de la realidad, siente a su cuerpo vibrar sobre la barbacoa. « ¡Carajo!», exclama. A continuación se pregunta: « ¿tuve una pesadilla?, ¿por qué soñar a `la negra fea'?, ¿me visitará?, ¿se habrá enfermao acaso?»

Afuera la llovizna continua. Algunos esporádicos relámpagos aclaran la luz de la luna, ya casi llena. Gracias a las pronunciadas aberturas entre los palos rollizos de la puerta, Juan tiene un buen registro visual hacia afuera. De pronto, en el vano de la misma, ve aparecer una imagen oscura, de forma humana y estatura baja. La imagen rara se sobrepara y como como una sombra, cruza rengueando frente a la choza y se pierde por uno de sus costados. Luego, el relativo silencio de la noche se rompe con tres gritos también raros: ¡Couguoooo!, ¡couguooooo!, ¡couguoooooo!  Juan reacciona y grita: « ¡Carajoooo! ¡Duenda jijunagramputaaaaa!» Coge la funda del machete, desenfunda la hoja metálica y blandiéndola, sale resuelto. Sigue la dirección del paso de la imagen; otea en el paisaje, pero no ve nada extraño. Al instante resuenan tres gritos más, ya en la lejanía. Las ovejas balan asustadas y aglomeradas, en uno de los ángulos de la empalizada. Más allá, los bueyes indiferentes rumian echados. La vaca mulata se para, se estira, bufa y defeca; y su pequeña cría se altera, casi a su lado, intentando amamantarse...

Juan recuerda que una de las historias de duendes que escuchó decía: «si el cristiano es hombre, el duende que lo persiga será hembra; y si fuera mujer, será macho». Se pregunta, entonces, asustado y confundido: « ¿Por qué la duenda no entró a la choza, si por sus poderes, sabía que estoy aquí?». Finge hablar con alguien, machetea en cruz sobre unos leños, se persigna y reingresa a la choza. Queda con el sueño trunco y cavilando concluyó: «Los gritos raros que se escuchaban lejos, desde hace días, eran de´sta duenda jijunagramputa (3). Hasta que llegó a mi lado y se dejó ver. Esa mesma es…»

Luego de casi tres horas del suceso, aclaró la aurora previa al amanecer.

Juan se levantó a esa hora y fue a dar pasto a los bueyes, con los que iba a trabajar ese día. Luego abrió la empalizada y soltó las ovejas a pastar. Decide no contar a su mujer nada de lo que vio esa noche. Opta por que a ella deba parecerle que todo sigue de lo más normal. Cree que no es conveniente infundirle miedos, y que él debía ignorarlos por completo y para siempre.

Aquella mañana Victoria llegó presurosa, como si algo malo hubiese presagiado. Él lo recibe tranquilo y, alegres, se saludan frente la choza. Ella, deja su equipaje al costado del fogón y a su hijo sobre la paja de la barbacoa y, se dirige a ordeñar la vaca. Juan se queda cuidando a su primogénito, ya acostumbrado a las caminatas madrugadoras de su madre. Victoria regresa con el balde leche fresca y Juan, exagerando su amor de padre, le recomienda: “no dejes al niño solo, ni un instante y por nada”. Victoria obedece. Con una “lliclia” (4), ata bien al niño a sus espaldas y sigue con sus quehaceres. Juan sale a dar una mirada a los animales…

En ese momento llega el viejo Presbítero, montado en su caballo negro; en cuyas ancas se balancean alforjas repletas de semillas de “coyo” (5) y frijoles. El maíz llega en el lomo de otra acémila. Luego, uno tras otro, llegan los peones...
Victoria ordena la choza y llama a todos a desayunar...

Salen, reciben su ración de coca y se dirigen hacia la chacra cultivada. Presbítero la observa animoso, recuerda sus mejores tiempos de chacarero allí, en su propio fundo. Elogia el trabajo de su socio y dice que todo está listo como para surcar. Se lamenta por el peso de sus años y por no ayudar como él quisiera. «Comprenderás hijo que los viejos ya no valemos pa´nada», dice. «No diga eso don Presbítero. Todos vamos a llegar a su edá», lo consuela Juan.

Llega el mediodía. Victoria llama a todos para almorzar... Después de éste, también hay reposo para “armarse” chacchando coca. Juan se aparta de sus ocasionales peones y aborda a su socio. El viejo, ya reclinado al tronco de un frondoso “campanillo” (6), sombrea, chufranea (7) su checo de cal y mastica su coca. Juan le cuenta con detalles su sueño y visión de la noche anterior… Mientras avanza con su relato, el viejo entra en un estado de preocupación y ensimismamiento totales… Dentro de sí, teme que luego de ese sueño y visión, su socio se acobarde; rompa el trato y abandone la hondonada. A él, que ya se considera un viejo achacoso y limitado; no le conviene perder un socio tan bueno, honrado y trabajador como Juan...

 En un brevísimo instante en que dejó de atender al relato de su socio, recuerda para sí, un pasaje de su vida en esa hondonada... Decidió no contarlo jamás, menos ahora. Solo lo recuerda con amargura:

Sucedió en días de abril, varios años atrás. En Vigasmayo estaba con su esposa y sus dos hijas. Anochecía y garuaba allí. La familia, al interior de la choza, se abrigaba junto al fogón. Enma, su hija menor, entonces de seis años, dijo querer ir sola al campo para hacer sus necesidades; a lo que los padres accedieron confiados en la tranquilidad del lugar. Enma salió y fue por la esquina posterior de la choza. Demoró mucho, media hora, una hora, demasiado tiempo. Eran como las siete de la noche y no regresaba, entonces la desesperación cundió en los padres. Salieron en su búsqueda, don Presbítero buscó por entre árboles y arbustos de los alrededores de la choza: «puacá no’hay mi’hija», pensó. Se dirigió a la quebrada, su mujer lo siguió portando una linterna a kerosene. «Quizá vino puacá, se resbaló, cayó y la corriente que’stá dea’bote lo llevó», murmuró la madre.

Los padres pasaron la noche en vilo, peinando la quebrada en toda su longitud, hasta su desembocadura en el río La quesera. Uno por cada margen, registraban sus orillas, esperanzados en que la corriente haya expulsado el cuerpo de su hija, si esta se hubiera ahogado. No hallaron nada. Lo llamaban por su nombre; nadie respondió, solo el eco desde el Ventanillas y Shinshilpunta, y el lejano ladrido de tres perros. Resignados, volvieron a la choza. Su otra hija estaba allí durmiendo, ignorando la angustia familiar y la desaparición de su hermana.

Presbítero, sin dormir ni una pestañada y en los primeros instantes del amanecer, llegó a Calconga a comunicar su desagracia, y pedir ayuda a familiares y vecinos. Él vivía allí. La solidaridad de tres cuadrillas de hombres provistos de sogas y machetes, no se hizo esperar. Chacchando su coca se dispersaron, atentos y poco habladores, a lo largo de la hondonada. Desde antes del mediodía, “peinaron” de nuevo sus casi dos kilómetros de la longitud, más dos del río Laquesera. Nadie reportó ningún hallazgo; y al morir la tarde, regresaron a sus casas cansados y desanimados.

Anochecía de nuevo y solo dos vecinos compadecidos, cenaban en la choza, acompañando a la familia. Debían reiniciar la búsqueda de la niña, por segunda noche. Se cumplían ya veinticuatro desde su angustiante desaparición. De pronto un llanto conocido estalló afuera, detrás de la choza. «¡Mi'hija!», gritó Presbítero y salió disparado... Era Enma, vestida con sus mismas ropas, salió llorando de entre unos arbustos que se erguían detrás de la choza. Estaba mojada, afónica, y con la falda y calzones ensuciados con sus propias heces. Desorientada, asustada y en brazos de su padre, empezaba a calmarse poco a poco. Con la ayuda de su mujer, don presbítero lo limpió y lo cambió. La niña no quiso comer, daba signos de estar alterada y tener sueño; solo pudieron darle de beber una infusión de manzanilla tibia, filtrándola con una porción de lana de oveja; pues no quería abrir la boca, ajustaba y hacía rechinar los dientes de puro nerviosismo...

Al día siguiente, la niña amaneció mejor, comió algo, pero no dejaba de mostrarse extraña. Tenía los ojos desorbitados y una mirada perdida. Hablaba sola y pronunciaba incongruencias. Presbítero le preguntó por el lugar dónde estuvo. Ella, dando muestras esperanzadoras de recuperación, relató así:

«Estuve durmiendo. Tuve un sueño, entre bonito y feo: Un señor gringo, bajito y cojo, me llevó a su casa que es linda como un palacio. Yo no hallé el lugar para ocuparme, y me hice la caca dentro de su casa. Él se molestó mucho, me insultó; me ordenó que con mi ropa limpiara su piso, luego me enseñó la puerta de salida y me botó. Estando ya afuera acabó mi sueño, me desperté asustada y lloré»…

Presbítero recuerda que, preocupado por la salud de su hija, trajo a casa a «don Sheque», el afamado curandero del caserío Porvenir. El curandero hizo algunas preguntas y concluyó de modo categórico: « ¡El duende llevó a tu hija! Ella hizo sus necesidades dentro de su casa y los duendes no toleran suciedad ni mal olor en los humanos. Por eso lo botó, de lo contrario no lo volvías a ver». Presbítero lo escuchó y quedó perplejo. « ¡Nunca más lleves allí a tus hijas! Esa quebrada es pesada, es morada de duendes», concluyó el curandero.

Los recuerdos del viejo Presbítero cesan, sale de su ensimismamiento, su pensamiento vuelve a la actualidad, y acepta que su hija Enma no quedó cuerda. Es chifladita y medio locumbeta. Así quedó y por eso le dicen «la tronada».

Resignado y calmado, mira a Juan y le dice: «No temas Juancito, la duenda quiso sorprenderte anoche, presentándose en la figura de tu hermana. No logró llevarte gracias a que te despertaste y lo perseguiste. Ahora sabe que eres un hombre muy valiente, y tenlo por seguro, que jamás volverá a molestarte».

                                                                   Cajamarca-Perú, febrero de 2009

GLOSARIO:

(1)  Caña con médula llena, de grosor y textura similar al carrizo
(2)  Paja gramínea
(3)  Interjección de insulto, utilizado en la zona.
(4)  Paño de lana, prenda femenina de la zona.
(5)  Grano o cereal también llamado Kiwicha
(6)  Árbol nativo.
(7) Meter y sacar el chufrán (alambre delgado) al checo. 

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